APPLE Y GOOGLE: CONSIDERADAS NACIONES VIRTUALES
Dinamarca
concibe a Google y Apple como naciones virtuales y designa embajadores.
Se advierte que si las leyes no incluyen normas que
preserven la cultura y la economía nacional y local, la convergencia continuará
representada por feudos virtuales para pasar por encima los intereses
nacionales.
Dinamarca tendrá un embajador digital ante las macro
empresas tecnológicas. Considera que por su tamaño e influencia en la sociedad,
compañías como Apple o Google deben ser tratadas como naciones
Las neo comunicaciones
ofrecen redes globales de dispositivos interconectados y actores claramente
reconocibles: los operadores de telecomunicaciones y los usuarios.Con el
incremento del tráfico de datos, el mercadeo online y las redes sociales, ha
aparecido otro gran protagonista: los proveedores de aplicaciones y contenidos.
En numerosos casos son
grandes corporaciones que aspiran a monopolizar al planeta económica y
políticamente, a través de obtener recursos extra territoriales.El acrónimo OTT
(Overthe top) incluye las aplicaciones, contenidos y servicios de valor
agregado que, usando las redes de datos, ofrecen servicios regalados o muy
baratos de telefonía, videoconferencia, mensajería, televisión, contenidos
libres o bajo demanda y almacenamiento de datos, localizados celestialmente en
la nube.
Skype, Whatsapp, Wifi,
Facebook, Google, Youtube, Netflix, ChatON, consumen banda ancha, que pagan los
usuarios y obtienen sus ganancias del comercio y la publicidad online, sin
inversiones que mejoren la deplorable calidad de las redes y la mayoría sin
pagar impuestos, ni generar empleos locales en los países cuyos ciudadanos las
contratan.
Tal como ilustra el conflicto
entre taxistas porteños y Uber, las OTTs prescinden de soberanías y de todo
tipo de leyes y derechos adquiridos.
Mientras los medios
hegemónicos pregonan la inevitabilidad del cambio que despoja a ciudadanos de
sus trabajos y de sus mercados tradicionales a las Pymes, también encubren que,
sin la protección regulatoria del Estado, negocios como los OTT son un
formidable mecanismo de transferencia de riquezas y recursos nacionales hacia
corporaciones extraterritoriales.
Los grandes intereses de la
convergencia fomentan la concentración de poder y promueven la ausencia de
normas de control por parte de los Estados. En nombre de las libertades
individuales, las ficciones de la era digital encubren bajo el espejismo de la
modernización una doctrina que promueve la eliminación de las soberanías
nacionales.
El poder corporativo
impone a través de seductoras tecno ideologías, la metáfora del zorro en el
gallinero planetario y, tal como hacían los feudos del Medioevo, se apropian de
territorios mediante similares armas y estrategias.
Para muchos ciudadanos y
ciudadanas, todavía no es fácil identificar los mensajes mediáticos
direccionados a desorganizar sus culturas y a estimular determinados consumos.
Aún más dificultoso, resulta descubrir la sutileza con la cual los productos
tecnológicos configuran matrices (“Matrixes”) en el pensamiento humano.
Por eso, vale destacar
que las OTT no son solo un modelo comunicacional.Son aplicaciones del capital
financiero que, imponiendo consensos, destruyen fuentes de trabajo y, eludiendo
el pago de impuestos en países periféricos, transfieren la renta a los países
centrales, a través de bancos y tarjetas de créditos.
Los productos OTT involucran
un paradigma de diseño económico y tecnológico y una forma de organizar y
negociar, desde ministerios a paritarias, desde estrategias políticas nacionales
hasta armados políticos internacionales.Asimismo, OTT plantea un modo de
relacionarse con el Otro.
El simbólico te paso por
encima aspira a conquistar un sentido común que adhiera a las presuntas
ventajas de las post verdades, eludiendo acuerdos y principios éticos y
sembrando la renuncia a la soberanía personal y colectiva.
No en vano, el neoliberalismo
presenta la desregulación de los desarrollos de contenidos, aplicaciones y
servicios de valor agregados como un avance de la libertad” y a los gravámenes
como retrógrados.
Tampoco se intenta tapar el
sol con la mano. El reconocimiento del crecimiento mundial de smartphones y
dispositivos inteligentes, la importancia de las redes, la difusión de la
información y la popularidad de las nuevas tecnologías son una realidad.Sin
embargo, también significan un gran desafío para los estados nacionales.
Concebir y establecer
regulaciones e incorporar artículos específicos a las leyes de convergencia de
las telecomunicaciones para que, sin proscribir las OTT, impongan a sus
productores la necesidad de respetar normas que preserven los intereses
culturales y económicos nacionales y protejan e incrementen las fuentes de
trabajo local.
De lo contrario, la
convergencia continuará representada por sus feudos virtuales y
habilitando embajadores digitales para pasar por encima a los intereses
nacionales.


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